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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

Simón I. Patiño, una figura liberal que debe ser rescatada del discurso hegemónico nacional socialista

Le decían "cholo enano” y forjó una fortuna mundial, creó la única transnacional boliviana, compró acciones a chilenos e ingleses para nacionalizar e industrializar la minería, pero hoy su legado se resume en un "explotador barón del estaño"

ESPECIALES | 16 Jun 2019

VISOR BOLIVIA / Iván Rada.- La hegemonía ideológica impone sus mitos, héroes y villanos. H.C.F. Mansilla afirma que ir contra esa corriente es una pérdida valiosa de esfuerzo, porque la historia se queda escrita a gusto de la hegemonía dominante. Sin embargo, hay voces que comienzan a desmitificar a un ciudadano boliviano que en su tiempo llegó a ser uno de los hombres más prósperos del mundo.

Simón Iturri Patiño, el cochabambino nacido un 1 de junio de 1860, se convirtió en el “Rey del Estaño”, amasando una fortuna que para la década de los años 1940 lo puso dentro de la lista de los primeros diez millonarios del planeta gracias a la explotación de ese mineral en minas de Oruro y Potosí con algo más de 3 mil millones de dólares de patrimonio.

Pero es la llegada de la corriente nacionalista, con tintes socialistas, la que comienza a defenestrar su imagen, catalogándolo como un “explotador antipatria” y un oligarca. El nacionalismo revolucionario se encargaría, a partir de la Revolución de 1952, de desmantelar el patrimonio de los “barones del estaño” para distribuir la riqueza empresarial entre las organizaciones corporativas y el naciente Estado burocrático que entró en crisis terminal en 1985.

Patiño (nunca usaba su apellido paterno) había salido del país desde 1924 por su condición cardiaca que le impedía seguir al frente de sus minas a 4 mil metros sobre el nivel del mar, cediendo terreno a Mauricio Hochschild y Víctor Aramayo, pero con negocios asegurados en EEUU tras la Gran Depresión y luego como importante proveedor del mineral en la Segunda Guerra Mundial.

Patiño había intentado controlar el precio internacional del estaño al tener el 60% de la producción mundial, creó la Patiño Mines and Enterprises Consolidated Inc. la única “transnacional” nacida en Bolivia, registrada y reconocida en EEUU, y se convirtió en un auténtico patriota “nacionalizador” al comprar las acciones de dos consorcios chileno e inglés, primero invirtiendo en la Compañía Estañífera Lllallagua en Santiago y luego adquiriendo la fundidora Williams Harvey & Co. en Londres, además de comprar aviones para el Ejército durante la Guerra del Chaco. Nada de eso es reconocido hoy. 

ANTIPATRIA O VENDEPATRIA, CREAR EL “ENEMIGO INVISIBLE”

El emenerrismo con un discurso de alianza de clases, se encargó de identificar como el “enemigo interno” del país a los barones del estaño. Algo similar con el actual proceso de cambio que etiqueta como “neoliberal vendepatria” a todo aquel que no comulga con su doctrina socialista.

Ya el bibliotecólogo Nelson Antezana escribió una reciente columna de opinión en el matutino Página Siete, al comenzar el mes de Simón I. Patiño, lanzando una semblanza sobre este hombre que hoy sería motivo de orgullo boliviano y cuya biografía daría material para documentales en las conocidas cadenas internacionales como History Chanel, por poner un ejemplo conocido. Empero, en Bolivia, todavía se maneja y se adoctrina a la juventud con el discurso de la “oligarquía minero feudal”, separando la historia nacional en periodos comparables a los “modos de producción” marxistas leninistas.

Antezana remarca en su texto cómo Patiño fue visionario al incursionar en el negocio minero trasladándose solo a Oruro, aceptando un sueldo de miseria, hasta su paso a Llallagua y la sociedad con Sergio Oporto a quien luego compraría La Salvadora.

En este punto, también hay mitos positivos, como se señala en textos del Centro Portales, fundación educativa cultural que la familia Patiño dejó como uno de sus tanto legados.

Se cuenta que doña Albina Rodríguez, cónyuge del magnate desde que aquel cumpliera 29 años, paseaba en carreta atribulada por las pérdidas que su esposo reportaba cada mes en La Salvadora y es cuando encuentra a un joven afroboliviano a quien atiende con agua, alimento y cobijo, por verlo desvalido y exánime en la carretera. A partir de ese acto de generosidad y las palabras del jovenzuelo para mantener la búsqueda del preciado mineral, es que la fortuna de los Patiño Rodríguez comienza a crecer. “Suerte negrito”, una popular frase de cábala (hoy proscrita por las corrientes “progresistas antirracistas”) podría salir de aquella anécdota de fines del siglo XIX.

Volviendo a Antezana, el autor remarca que el historicismo aplicado por el nacionalismo revolucionario ha vilipendiado a los barones del estaño, sacándolos incluso del contexto constitucional que se vivía en el país ese tiempo, cuando el liberalismo permitía la generación de riquezas.

“Esa lectura sesgada no toma en cuenta que si Patiño, Hotschild o Aramayo, pero no sólo estos, llegaron a ser propietarios de inmensas fortunas gracias a la explotación de las riquezas minerales de Bolivia, fue porque estaban amparados en la Constitución de 1880, una constitución, quizá, demasiado liberal para un Estado tan débil como el que existía en ese entonces, sin que por ello se tenga que satanizar su obra ni su vida. En un Estado como el que surgió después de la Guerra del Pacífico, cualquier persona podía prosperar, pues estaba garantizada la propiedad privada”.

Antezana concluye que es necesario hacer una relectura de la historia para comprender y valorar a un hombre que desatacó por su trabajo, decisión y empeño individual, algo similar al capital, ahorro y trabajo que propugna el liberalismo clásico.

Para 1947, Simón I. Patiño había regresado de Nueva York a Buenos Aires y planeaba retornar a Cochabamba, al estreno del Palacio Portales, pero en el viaje su corazón no aguantó más. Cinco años después su memoria sería denostada por el nacionalismo revolucionario y el comunismo sindicalista.

SIMÓN I. PATIÑO, HÉROE LIBERAL:

ENTREVISTA A LUIS CHRISTIAN RIVAS

Para rebatir esa “leyenda negra” en torno a Simón I. Patiño, @VisorBolivia consultó con el abogado y representante del Instituto Libertad, Capitalismo y Empresa - ILCE, Luis Christian Rivas, quien hace poco fue invitado a la Feria Exposición La Nación Boliviana en Letras en Oruro, precisamente en la Casa de Patiño, hoy manejada entre una fundación privada y la Universidad Tecnológica de Oruro - UTO que, entre otras cosas, ha colgado infames cuadros marxistas en el hogar del capitalista más próspero que tuvo la República de Bolivia.

SIMÓN I. PATIÑO ¿HÉROE O VILLANO?

LUIS CHRISTIAN RIVAS: “Simón I. Patiño es un héroe como todo pequeño y mediano empresario que comienza su jornada laboral desde tempranas horas del día sin feriados ni domingos hasta construir un imperio digno de la admiración y respeto de propios y extraños, sus detractores le calificaban de ‘cholo enano’.

Casi analfabeto y almacenero de trabajo inagotable, que en ausencia del patrón entregó mercadería en fiado por una suma de 195 pesos a cambio de una supuesta concesión de oro, al enterase, su empleador lo despidió sin remuneración. Junto con su esposa y sus ahorros decidió ir en busca de dicha concesión, acompañado de otros peones encontró la promesa con una veta de estaño de 60% de tenor que corrida la noticia como pólvora fue motivo de asalto de bandoleros que se encontraron con el ‘indio enano y loco’, como le decían, pero este cochabambino supo defender su propiedad privada a base de bala, a partir de este momento, alzó vuelo como cóndor cuyo destino son los picos inhóspitos y las alturas del cielo eterno.

¿POR QUÉ TODA LA NARRATIVA NACIONALISTA SE ENCARGA DE DENOSTAR A UN HOMBRE QUE SOLO PECÓ POR FORJAR UNA FORTUNA? ¿DEBÍA ACASO PATIÑO “COMPARTIR” O REPARTIR SU ESFUERZO CON EL “PUEBLO” PARA SER ACEPTADO?

LUIS CHRISTIAN RIVAS: Los colectivistas de todo pelaje, es decir, socialistas, comunistas y nacionalistas de izquierda, se han encargado de darle mala propaganda porque estos están contaminados con una mentalidad anticapitalista, como diría Ludwig von Mises, intelectuales y políticos que destilan celos y envidia en sus venas, muchos burócratas estatistas parásitos que viven de las ubres del Estado, saqueando sus arcas obtenidas de los impuestos, que jamás han realizado emprendimiento alguno, y dirigentes sindicales de carrera política perniciosa y dañina, cuya verborrea es fuente de conocimiento y opinión de las masas, han triunfado y escrito una historia sobre el victimismo.

Sin embargo, Patiño dio trabajo, Patiño dio empleo, Patiño pagó impuestos, Patiño entregó inmensas sumas de dinero a gobernantes para que dejen su empresa subsistir y mantener a sus dependientes, Patiño era una especie de Atlas que en sus hombros estaba siendo cargada prácticamente toda Bolivia, ¿Qué más querían los malos administradores de la cosa pública?, los mineros eran libres de ser dependientes o no de la empresa, decir esto es una blasfemia en un país de dependientes, pero es la verdad, los emprendedores crean fuentes de trabajo y los estatistas se encargan de destruirlos, saquearlos y distribuirlos como un botín entre sus amigos en nombre del pueblo, se ocupan de quebrar las empresas previo robo de la propiedad privada, son unos delincuentes. Bolivia tiene que ser un país de empresarios.

EL DISCURSO NACIONALISTA PARA “DERROCAR” A LOS “BARONES DEL ESTAÑO” ¿FUE EL FIN DEL LIBERALISMO EN BOLIVIA O NUNCA HUBO LIBERALISMO COMO TAL EN EL PAÍS?

LUIS CHRISTIAN RIVAS: En el libro “Libertad y liberalismo en Bolivia” escrito en coautoría con Roberto Laserna, H.C.F. Mansilla, Antonio Morales, Fernando Molina y Adolfo Cáceres, en mi ensayo “Liberalismo, constitución y leyes en Bolivia”, sostengo que el liberalismo político ha sido desarrollado y evolucionado hasta ser aceptado incluso por la izquierda hasta nuestros días, pero el liberalismo económico, llamemos capitalismo competitivo no. También sostengo que ha imperado el mercantilismo sobre el liberalismo económico, para sobrevivir los empresarios han tenido que estar de la mano de la clase política, beneficiados con privilegios, monopolios, clientelismo, negocios para los amigotes y amantes hasta ahora, reveladoras son las declaraciones de Moritz Hochschild en un artículo que tituló: “Saliendo de la crisis” publicado el 12 de enero de 1934 en El Diario, donde reconoce y acepta la intervención del Estado: “…Los negocios privados mismos evolucionan y muchas veces piden la ayuda y el control de los gobiernos para determinadas actividades. El cartel del estaño que ha permitido mantener el trabajo de esta industria y levantar los precios a términos razonables, ha sido puesto bajo el control de los gobiernos, que hacen cumplir convenios celebrados por los productores. Los gobiernos pueden prestar siempre una cooperación y asegurar el cumplimiento de los convenios. Pero no hay razón alguna para que el antiguo ‘laissez faire’ deba ser reemplazado por un ‘laissez Mussolini, o Hitler, o Roosevelt faire’. La naturaleza debe seguir su curso y nosotros aprovechar sus lecciones…”.

El modelo de libre mercado jamás ha sido reconocido constitucionalmente, según se desprende de la Sentencia Constitucional 0005/2006 de 25 de enero de 2006. La historia boliviana ha girado en torno al Estado y sus caudillos, obviamente, hemos vivido grados de menor o mayor apertura económica, acercamiento y alejamiento del librecambismo, pero las enfermedades constantes han sido estatismo y mercantilismo.

¿CÓMO VIO EL LEGADO DE PATIÑO EN SU VISITA AL CENTRO CULTURAL DE ORURO? ¿CÓMO PERCIBE LA REACCIÓN DE LA GENTE CUANDO SE HABLA DE ESTE EMPRESARIO MINERO?

El pasado 3 de junio estuve en Oruro, invitado por Henry Ríos Alborta del semanario Nación, para participar de la quinta Feria La Nación Boliviana en Letras. Llegando a la ciudad de Pagador decidí visitar algunos lugares históricos y de interés personal, concretamente el patrimonio de Simón I. Patiño, héroe como todo emprendedor pequeño y mediano que empieza a navegar casi sin capital hasta construir un imperio. Las ciudades de Cochabamba, Oruro y La Paz se han favorecido con su legado y patrimonio, obras, infraestructura, arquitectura, hermosas casas, muebles, etc., cosas que asombran a los testigos y visitantes que terminan maravillados con lo que ven. Cuando se habla de Patiño hay diferentes reacciones, personas que se identifican con su esfuerzo, trabajo y origen plebeyo que tienen una admiración y respeto guardado en su interior, hasta aquellos que por el discurso políticamente correcto impuesto lo tienen como un potentado explotador chupasangre, de quienes se enojan y ofenden con sólo escuchar su nombre.

Pero me llamó la atención, como se diferencia, incluso en su legado, la acción u omisión en el cuidado de su patrimonio, los bienes que están en manos privadas son constantemente remodeladas y cuidadas, los bienes que están en manos del Estado, en manos de la universidad, no tienen cuidado alguno. En Oruro, la casa de Patiño que se encuentra en la calle Soria Galvarro entre Ayacucho y Cochabamba, fue dividida en dos partes: la parte entregada a una institución privada financiera estaba siendo pintada y remozada hasta las aceras, mientras que el Museo Casa Simón I. Patiño entregado a la UTO, tenía un aspecto lúgubre; pude observar como una caja fuerte de esas épocas estaba en mal estado por chorros de pintura impregnados sin ningún cuidado y por descuido de la administración, semejante joya estaba casi en calidad de basura; ni mencionar el estado de la casa Edificio Albina Rodríguez de Patiño, ocupado por estudiantes de la Carrera de Comunicación Social de la UTO. Aquí podemos ver un ejemplo de cómo funciona la administración pública y la administración privada.

¿MARX EN LA CASA DE UN LIBERAL? ¿BROMA O INSULTO?

Al visitar la casa Edificio Albina Rodríguez de Patiño y entrar a la biblioteca de la Carrera de Comunicación de la UTO, notamos que su sala tiene imágenes de los miembros de la neomarxista Escuela de Frankfurt como patronos del pensamiento de esas instalaciones. El minero capitalista se hubiera sentido ofendido y hubiera expulsado de su propiedad la imagen de esos santos del marxismo cultural anticapitalista.

Los progresistas dicen que no existe el marxismo cultural, repiten lo que leen en Wikipedia, pero cuando di mi conferencia en la otra casa museo del Rey del Estaño, me encuentro sorprendido con la imagen fantasmagórica de Karl Marx, una pintura que orondamente señorea el salón principal, ni un solo cuadro laboral, familiar o señorial del propietario empresario, Patiño debe estar molesto por esta presencia anticapitalista en sus ambientes. Es que es eso, el marxismo cultural está presente en las manifestaciones del conocimiento y del espíritu, mediante sus intelectuales orgánicos, sus siervos del pensamiento, pero ante la cara del socialista recité pasajes de su Manifiesto Comunista donde encontramos la base de lo que venimos criticando, el ataque marxista a la familia burguesa, al matrimonio, al patrimonio, el legado capitalista, los valores, la filosofía, la religión, la niñez, etc., lo que los progresistas atacan desde su marxismo vulgar. Por ello debemos rescatar el legado de Patiño de las manos del socialismo.

//@VisorBolivia// 

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