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Domingo, 5 de Diciembre de 2021

Reventa de harina de soya genera millonario negocio

ECONOMÍA | 22 Jun 2021

Las industrias oleaginosas perdieron alrededor de $us 5,3 millones mensuales, es decir, más de $us 60 millones al año

CORREO DEL SUR.- Desde hace 11 años el Gobierno mantiene en vigencia el Decreto Supremo (DS) 725, de regulación de la exportación de la soya y sus derivados, que obliga a las industrias oleaginosas del oriente a entregar cupos de harina de soya solvente a precios subvencionados a los avicultores y porcinocultores del país. Pero este producto se desvía al mercado negro, generando un millonario negocio.

CORREO DEL SUR hizo seguimiento en Santa Cruz a camiones de productores avícolas que recogen harina de soya de las industrias oleaginosas y constató que ese producto no tiene como destino las granjas avícolas, como establece la norma, sino que son trasladados a galpones y graneros de venta libre de alimentos balanceados.

En estos galpones, ubicados en la avenida de la doble vía a La Guardia y en graneros “escondidos” en medio de calles cercanos al río Piraí, se comercializa la harina subvencionada, con factura y sin factura, y a precios superiores a los que pagan quienes la compran en las industrias oleaginosas.

Este medio de comunicación llegó hasta galpones y graneros de venta de alimento balanceado para pollos, cerdos y otros animales y encontró a la venta harina de soya embolsada de 50 kilos de las industrias Fino, Rico, Sao y de otras marcas que deberían estar en las granjas.

EL NEGOCIO

El precio actual de la harina de soya impuesto por el Gobierno dentro del país es de 2.250 bolivianos (323 dólares) la tonelada métrica; pero, en el mercado negro, esa misma harina se vende en 3.300 bolivianos (471 dólares), generando una ganancia de más de Bs 1.000 (alrededor de 150 dólares) por tonelada.

Con estas ganancias, de entre 100 y 150 dólares por tonelada métrica de harina de soya en el mercado negro, hay gente que obtiene desde casi medio millón hasta 1,3 millones de dólares mensuales.

¿De dónde sale esa cifra? Las industrias oleaginosas entregan a los avicultores y porcinocultores del país más de 33.000 toneladas de harina de soya al mes, en cupos y precios establecidos por el Gobierno.

Un 30% de esa cantidad, alrededor de 9.000 a 10.000 toneladas, se estarían desviando al mercado negro, y si por tonelada hay una ganancia de 100 a 150 dólares, fácilmente este negocio podría generar alrededor de $us 1,3 millones al mes, con ganancias anuales que superarían los 16,2 millones de dólares.

Los avicultores recogen el producto de la fábrica de oleaginosas –en muchos de los casos– ni siquiera el 100% del cupo, pero, aún así, les alcanza para desviar al mercado negro, donde lo venden a un precio mayor.

PÉRDIDAS

En los últimos años, las industrias oleaginosas perdieron alrededor de $us 5,3 millones mensuales, es decir, más de $us 60 millones al año, según datos de este sector.

La información a la que accedió CORREO DEL SUR indica que entre 2011 y 2021 las industrias oleaginosas entregaron más de 300 millones de dólares en subsidios a los avicultores beneficiando, sobre todo, a grandes empresas que se expandieron rápidamente.

EXPORTACIONES

Las industrias oleaginosas tienen que emitir un informe quincenal al Ministerio de Desarrollo Productivo sobre el cumplimiento del Decreto Supremo (DS) 725, que dispone la dotación de un cupo y precio determinados a los avicultores y porcinocultores, bajo advertencia de perder la certificación de exportación.

En 2010 los avicultores beneficiarios recibían 10.000 toneladas mensuales de harina de soya y otros productos por la regulación de este decreto. En la actualidad, esta dotación bordea las 33.000 toneladas.

Según información a la que accedió CORREO DEL SUR, el consumo interno de este producto subvencionado no es el real y afecta al fomento de la exportación, que se mantiene con restricciones en un contexto de reactivación económica por la pandemia.

Lo que “enfrenta” a industriales de oleaginosas con productores avicultores del país es que los primeros subvencionan a los segundos a partir de una política gubernamental, pese a que el concepto de subvención suele aplicarse a una relación directa de Estado - sector estratégico, y en situación de emergencia.

A la subvención, se suma la especulación de revendedores que generan un negocio redondo.

¿SUBVENCIÓN TEMPORAL?

El 6 de diciembre de 2010, cuando se aprobó el decreto 725, se apeló al argumento de la subvención para garantizar el abastecimiento interno de los pollos y para proteger y fomentar al pequeño productor. Pero con el tiempo, ese objetivo se distorsionó porque los pequeños productores fueron absorbidos por grandes empresas avícolas.

Además, las industrias oleaginosas sostienen que el precio de la harina de soya no incide en el del pollo porque la composición del alimento balanceado contiene una mayor cantidad de maíz y solo un 25% de soya.

Todo indica que la subvención está fomentando el mercado negro y la actividad del contrabando. Al ser bajo el precio para el mercado interno, los contrabandistas sacan el producto fuera del país y, solo en Perú, la tonelada de harina de soya se comercializa en alrededor de 500 dólares, pero allá venden el pollo a un precio similar al de Bolivia.

ASÍ FUNCIONA

CORREO DEL SUR hizo seguimiento a un camión que recogió el cupo de harina de soya para clientes avicultores.

El vehículo no llevó el producto a una granja sino a un galpón ubicado en calles a medio construir, cerca del río Piraí, y también a graneros en la avenida de la doble vía a La Guardia.

El negocio se pacta previamente. En este caso, el revendedor se reunió con sus clientes en un surtidor de gasolina donde realizó el cobro y después le entregó la harina.

Se pudo constatar que en algunos casos es el mismo camión el que hace el recojo con diferentes choferes. Durante el día, varios camiones recogen el producto: unos lo llevan a las granjas y otros, para revender.

LA LLAVE

El Gobierno tiene la llave del certificado de abastecimiento interno para autorizar la exportación. Si las industrias no cumplen, corren el riesgo de no acceder a la autorización de exportación, lo que restringe también el derecho a la empresa y al comercio.

Los industriales soyeros y graneros esperan la eliminación de los cupos y que el consumidor (avícola) compre lo que necesita a un precio internacional y sin subvenciones.

Ellos cuestionan que el argumento para la subvención –el desabastecimiento del producto– no tiene sustento porque ya está definido que el 20% va para el mercado interno y el 80% para la exportación, por lo que no tendría sentido mantener una restricción como requisito para la exportación.

Durante el gobierno transitorio de Jeanine Áñez se dispuso liberar las restricciones a la exportación, pero en diciembre de 2020, ya durante la gestión de Luis Arce, se repusieron bajo el criterio de regulación.

LOS BENEFICIARIOS

Según datos del Ministerio de Desarrollo Productivo, hay al menos 1.557 granjas avícolas y de porcinos en Santa Cruz, Cochabamba, Tarija y Chuquisaca que se benefician con esta subvención en el precio y el cupo de la harina de soya.

Hay también asociaciones. ADA Santa Cruz, la más numerosa, aglutina a 335 granjas; Avipar, a 63 granjas. Otras son las siguientes: Avícola Rico Pollo (12), Aspymad (316), Asipa ANI (14), ASAP Pocona (47), Apropp (39), Approppag (9), Aporsu (3), AIA P (29), Adepor Santa Cruz y Cochabamba (121), Adepor Chuquisaca (119), Adavs (17), Adepor CO RS (44), ADA Tarija (60), ADA Comarapa (88), ADA Cochabamba (200), Aadrich (24), Aasar (4), Aavitor (24).

En ADA Santa Cruz, Anglarill Serrate tiene 23 asociados.

Según los mismos datos, las empresas que proveen de harina de soya solvente son: IASA Alocorp, Nutriol, IOL, Granos, Gravetal, Cargill, Prolega y Etasa, entre otras.

NUEVA REUNIÓN

Las empresas oleaginosas y el Gobierno realizan un ajuste de los cupos y precios cada seis meses.

El próximo 30 de junio habrá una nueva resolución biministerial y se firmarán los nuevos convenios tomando en cuenta el precio internacional de la soya.

//FUENTE: CORREO DEL SUR//

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