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Domingo, 5 de Julio de 2020

Escribe Andrés Gómez Vela

Fue insurrección popular contra un tirano, no golpe de Estado

OPINIÓN | 12 Nov 2019

Cuenta la leyenda, con ayuda del mito, que George Washington, primer presidente de los Estados Unidos entre 1789 y 1797, se negó a ser reelegido para un tercer periodo con el siguiente argumento: Si voy a ser gobernante vitalicio, seré otro rey; entonces, ¿qué sentido tuvo nuestra guerra contra una monarquía para liberarnos de un rey si vamos a reemplazarlo por otro rey?

De ese modo, se instaló el presidencialismo que concibe al Presidente del Estado como un “pequeño rey”, pero con un poder limitado en el tiempo y en sus decisiones.

Desde entonces, la democracia fue cultivada como un sistema de vida, caracterizada por limitar el poder de los gobernantes a través de: 1) la Constitución, y 2) el mandato del pueblo nacido del voto.

Sociedad de intereses

Apenas el ser humano comenzó a vivir en agrupaciones sociales grandes (ciudades) se percató que cada persona y cada grupo tenían intereses diferentes. Justo para superar estos intereses, inventó la política.

La política ayudó a acordar un pacto social traducido en reglas de convivencia entre diferentes cultural y económicamente. Esas reglas, primero morales y luego legales, fueron reunidas con el tiempo en un documento llamado Constitución.

Dicho de otro modo, inventamos la política para no definir nuestras diferencias a través de la violencia, sino mediante relaciones horizontales y equilibradas entre gobernantes y gobernados.

Límites al poder en Bolivia

Bolivia abrazó, desde que nació en 1825, la democracia liberal con las deficiencias y virtudes de aquel tiempo.

La historia nos ayudó a avanzar y a madurar nuestro sistema democrático, particularmente, en los últimos 35 años. Este avance permitió, por ejemplo, que un indígena llegue a Palacio y se quede 13 años y nueves meses en el gobierno central.

En el marco de esta filosofía política, los bolivianos aprobamos en 2009 un nuevo pacto de convivencia, es decir, una nueva Constitución. Lo aprobamos a través del voto.

En la Constitución acordamos dos límites al poder del gobernante:

1) El artículo 168: “El periodo de mandato de la Presidenta o del Presidente y de la Vicepresidenta o del Vicepresidente del Estado es de cinco años, y pueden ser reelectas o REELECTOS POR UNA SOLA VEZ de manera continua”.

2) El artículo 26: “Todas las ciudadanas y los ciudadanos tienen derecho a participar libremente en la FORMACIÓN, ejercicio y CONTROL DEL PODER POLÍTICO, directamente o por medio de sus representantes, y de manera individual o colectiva”.

El artículo 168 consolida el límite temporal: 10 años como periodo máximo de gobierno del Presidente o Presidenta por muy bueno o buena que sea o haya sido.

El artículo 26 establece al voto como legitimador del poder. Vale decir, el soberano, reunido en el concepto romántico pueblo, otorga o retira poder al gobernante.

En suma, los bolivianos concertamos el gobierno de las leyes y no de los hombres. Las leyes como método de transformación de las voluntades particulares en voluntad general, y como el dique de contención de las posibles ambiciones y abusos de los gobernantes de turno.

Insurrección popular

Evo Morales y los suyos rompieron el acuerdo de convivencia que asumimos cuando se burlaron de los dos límites que concertamos: 1) La Constitución, y 2) el voto.

Morales violó el artículo 168 de la Constitución y desconoció el mandato del pueblo emitido a través del referendo del 21 de febrero de 2016.

Morales quiso convertirse en un presidente vitalicio, en un rey (sin límites). Tal fue su ambición que hizo FRAUDE en la última elección.

Ante este abuso y ruptura del orden social, el pueblo asumió su derecho a la rebelión para librarse de un tirano que quiso imponer un mando sin haber respetado el mandato de su legitimador de poder.

Por los antecedentes señalados, los hechos sucedidos entre el 21 de octubre y 10 de noviembre no fueron parte de un golpe de Estado, sino de una insurrección popular para restablecer el sistema de vida que los bolivianos acordamos hace 37 años: la democracia.

(VÍA Facebook)

//*ANDRÉS GÓMEZ VELA es periodista y abogado//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN//

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