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Domingo, 20 de Septiembre de 2020

Escribe Maggy Talavera

Para muestra, un Romero

OPINIÓN | 19 Ene 2020

Cualquiera que no conoce lo que ha vivido Bolivia en los últimos años y escucha al exministro Carlos Romero quejarse de injusticias, cercos e irrespeto al derecho, puede caer en el error de creer que él está siendo víctima de una persecución judicial digitada por el actual gobierno que preside Jeanine Áñez.

Algo que fue la norma en el gobierno anterior bajo la batuta no solo del expresidente Evo Morales, sino de su exvicepresidente García y de cada uno de sus inmediatos colaboradores, entre ellos el mismísimo Romero, que no ha dudado en tratar de invertir el orden de los factores para ver si se libra de culpas.

Aún es temprano para asegurar que Romero no se librará de las penas que deberá purgar por cada uno de los delitos cometidos durante sus largas gestiones como funcionario del gobierno masista. Pero por ahora hay algo irrefutable: contra él pesan varias denuncias, unas más graves que otras, que justifican ampliamente la actual actuación del Ministerio Público y del tribunal de justicia a cargo de la primera denuncia formalmente planteada por corrupción en la Unidad Ejecutora de Lucha Integral Contra el Narcotráfico. Es solo el comienzo: a esa hay que sumar al menos otras siete denuncias hechas en su contra.

En ese listado están el caso terrorismo, el del asesinato del viceministro Rodolfo Illanes, el del frustrado atraco a Eurochronos, la muerte de un estudiante de la Universidad Pública de El Alto, el rol de Romero en el caso del narcotraficante Pedro Montenegro y en el del empresario Martín Belaunde, además del denunciado por Franclin Gutiérrez, dirigente de los cocaleros de Yungas, que lo acusó de ser principal ejecutor de la persecución política que sufrió a lo largo de los últimos años de gobierno de Morales. Recordaré también a mi colega de oficio, Guider Arancibia, al que trató de amedrentar para evitar que continúe con su imprescindible trabajo de investigación periodística de casos que lo involucraban directamente. Es un somero punteo al que habría que añadir otros delitos, como el de instigación a la violencia y al odio racial, sobre los cuales abundan pruebas materiales.

Es decir, un rosario de delitos cometidos por quien de pronto se autoproclama “misionero de la justicia”, un “defensor del derecho”, preocupado hoy “apenas” por cobrar su sueldo y aguinaldo, por el cuidado –dice él- de su anciana madre y por la mirada de Dios. Alguien que asegura con vehemencia que “nunca jamás de los jamases” se prestaría “al juego cobarde de linchar a personas inocentes”. Cada una de esas falacias, una bofetada o una puñalada más al corazón de los familiares de Illanes, de Ana Lorena Tórrez Torrico, del universitario Jonathan Quispe, de los tres asesinados en el Hotel Las Américas y de los 39 procesados en el mal llamado caso Terrorismo, de Franclin Gutiérrez, de Jorge Valda y de tantos otros cuyos nombres no figuran oficialmente en el listado.

Todo eso sin contar decenas de otros casos en los que Romero guardó silencio cómplice, cuando no operó por debajo de cuerda para ayudar a sus “hermanos de régimen” a burlar denuncias y condenas. Lo único más o menos próximo a la verdad de lo dicho recién por Romero es que él no huyó y los otros sí. Pero, ¿alguien cree que es porque él estaba libre de polvo y paja, y por lo tanto no tendría nada qué temer? Hay señales que nos llevan a desconfiar de esas razones y a sospechar de la existencia de algún acuerdo político con el actual oficialismo, que le permitiría zafarse de la cárcel. Está clarísimo que Romero es solo un botón en el enorme ramillete de ex autoridades de gobierno a las que el Ministerio Público y el Poder Judicial deben investigar, procesar y condenar a purgar penas. Un botón que sirve de muestra para lo que aun está por venir en 2020.

¿Será 2020 no solo el año del inicio de un proceso de redemocratización de Bolivia, sino también el de la reconducción de la urgente y pendiente renovación del sistema judicial? Parte de la respuesta está en el desarrollo de esta primera acusación contra Romero.

//*MAGGY TALAVERA es periodista y directora de Periodismo sin Photoshop//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN// 

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