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Miércoles, 8 de Abril de 2020

Escribe Magy Talavera

Retos para 2020

OPINIÓN | 30 Dic 2019

Difícil llegar a fin de año y no caer en la tentación de hacer un balance de lo vivido, a la par de pensar en los propósitos para el nuevo año.

Suele ser una tentación saludable, si al caer en ella somos capaces de rescatar lecciones tanto de los aciertos como de los errores que marcaron nuestro tránsito a lo largo del año que se va. Una tarea no siempre fácil, sobre todo si el resultado de ese balance tiene saldo negativo: es decir, una suma mayor de desaciertos que de logros. Nos cuesta trabajo asimilar las pérdidas, más aun reconocer que gran parte de ellas debe ser atribuida a negligencias nuestras, antes que a factores de origen externo. Entre otras, el no haber aprendido lecciones del penúltimo año y, menos aun, tomado en serio los propósitos que marcamos en la anterior virada de año.

Escribo esto pensando en lo dicho aquí hace exactamente un año. En el último artículo de 2018, cerré deseando, entre muchas otras cosas, que fuéramos capaces de frenar en seco el retroceso vivido en casi todas las áreas en el año que estaba por acabar. Anhelaba que este 2019 fuera el año de recuperación de la democracia, secuestrada a lo largo de más de una década. Quería que fuera posible cerrar este año, unidos en el propósito de luchar por la plena vigencia del estado de derecho, sin cortapisas, sin trampas, sin muertos. Ideé muchas otras metas, como la de lograr que los derechos de los niños y adolescentes sean letra viva y no palabras huecas, que la lucha contra la violencia hacia las mujeres inspirara a que haya mayor voluntad política y más medios para aplicar leyes y normas, y que el sentido común, la coherencia y la honestidad fueran regla común y no la excepción.

Todas esas metas, colectivas. Y por ende, a ser conquistadas también en conjunto, con el aporte individual de cada uno de nosotros. Hecho el balance al cierre de 2019, ¿da para decir que hubo ganancias? ¿Basta un logro, entre tantos, para decir que fue positivo? Tal vez no logremos un rotundo y uniforme sí, no solo porque es evidente que gran parte de los propósitos enunciados para este año no sobrepasaron al menos la barrera del 50%, sino también porque al menos una cuarta parte de los bolivianos considerará como saldo negativo lo que para las otras tres cuartas partes es ganancia: la caída de Morales y con esta el freno en seco, al menos por ahora, de su proyectos político totalitario y corrupto. Aun así, con esa disidencia, no hay duda que la mayor ganancia este año se traduce en el alivio celebrado por una gran mayoría, tras la renuncia y huida de la cúpula masista.

Una enorme ganancia celebrada a medias, porque alcanzarla costó vidas humanas y otras pérdidas importantes para decenas de bolivianos. A medias también, porque hay tareas pendientes a ser cumplidas en la consecución de la gran meta que no es otra que la lograr la elección de un nuevo Gobierno, al que le tocará trabajar por la vigencia plena y real del estado de derecho. Una ganancia a medias, además, porque vamos a arrastrar en 2020 el rezago de tareas no menos vitales y urgentes, como las ya enunciadas a fines de 2018 y que hacen a los derechos de los niños, de los jóvenes y de las mujeres, así como a otros derechos muy afectados en 2019, como lo fueron sin duda todos los referidos al medioambiente. Nuestra Chiquitania no nos deja mentir: su fauna, ríos y bosques marcados por el fuego provocado por criminales aun impunes nos recuerdan esas tareas pendientes.

Cerramos así 2019, con logros muy significativos, pero con muchos asuntos pendientes. El año que inicia llega con retos nada sencillos, aunque aparenten lo contrario. Retos a los que habrá que saber encarar por partida doble o desde dos perspectivas: la personal, que solo depende de cada uno de nosotros, y la colectiva, más compleja por diversa y hasta contradictoria. El reto de retos será, sin duda alguna, saber sacarle el máximo y el mejor provecho a la extraordinaria nueva oportunidad que nos ofrecerá 2020, de elegir al nuevo Gobierno que regirá los destinos del país en los próximos cinco años. ¿Daremos cuenta del recado?

//*MAGGY TALAVERA es periodista y directora de Periodismo sin Photoshop//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN// 

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El masismo ha apelado a las fake news para hacer campaña en medio de la cuarentena / WEB MONTAJE

POLÍTICA | 30 Mar 2020

MONITOR / POR TARIJA.- La desinformación política activada en tiempos de pandemia y emergencia sanitaria en Bolivia, no solo tiene la labor de confundir a la población, sino que son acciones que incurren en figuras penales como delitos contra la salud pública, desobediencia a la autoridad, impedir o estorbar el ejercicio de funciones, entre otros, explicó la diputada Ginna Torrez.