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Martes, 4 de Agosto de 2020

Escribe Maggy Talavera

Mal en salud, pero curados de espanto

OPINIÓN | 2 Feb 2020

Una emergencia generalizada es la que están viviendo los principales centros de salud de Santa Cruz de la Sierra. Aparentemente, provocada por una nueva epidemia de dengue que, según informes oficiales del Sedes, habría causado ya diez muertes en Santa Cruz al 28 de enero último.

Digo aparentemente, porque en realidad ese estado de emergencia en el que se debaten los centros médicos cruceños se arrastra desde hace años, con o sin epidemias de dengue. Las interminables filas que se forman cada madrugada en el frontis de las cajas de salud y hospitales públicos, así como las abarrotadas salas de emergencia y la dolorosa imagen de pacientes y familiares durmiendo sobre el piso en salas de espera han dejado de ser una excepción hace tiempo y se han convertido en la regla. 

Lo que vemos hoy en hospitales como el Japonés, el de Niños, el San Juan de Dios, el de la Villa Primero de Mayo o el Francés, entre muchos otros, es una sobresaturación -y no apenas una saturación- de los servicios que estos ofrecen, con recursos cada vez más escasos para una población cada vez mayor. Una realidad que resulta de la acumulación de problemas de fondo no resueltos aún, a pesar del lamento permanente de pacientes y familiares, y de la queja cada vez más fuerte de médicos y enfermeros.

Problemas a los que las autoridades de turno les hacen lance y pretenden, de yapa, camuflar con medidas parches que no son sino curitas o aspirinas, inservibles para tratar el gravísimo mal que mantiene al sistema de salud pública en terapia intensiva.

Un mal que golpea a la salud pública desde antes de los 14 años de gobierno del MAS. No hay que olvidar los bajísimos presupuestos asignados a salud en los gobiernos anteriores, ni la politización en las designaciones de cargos o la provisión de ítems.

En 2005, el monto asignado por el TGN a salud era apenas de 2.500 millones de bolivianos. Bajo entonces y bajo también en 2018 cuando subió a 18.000 millones de bolivianos, un contraste del que se ufanó vanamente en su momento el ministro de Salud del gobierno de Morales, ya que no mencionó el incremento en al menos cinco veces de los ingresos percibidos por el TGN entre 2005 y 2018. En los hechos, la asignación a salud no acompañó el extraordinario aumento en los ingresos percibidos por el Estado en la última década. Fue y sigue siendo baja, desproporcional a la demanda de mayor población. Según datos del Banco Mundial, publicados por la Fundación Milenio en su Análisis de Coyuntura 363 de agosto de 2018, Bolivia tiene el menor porcentaje de gasto público en salud de la región (8,9), por debajo incluso de Haití (9,5) y de nuestro vecino Paraguay (12,3).

A la injusta asignación presupuestaria para el sector salud se suman otros problemas que se arrastran también desde hace décadas y que, lejos de subsanarse en los “tiempos de cambio”, se agravaron. El de la politización de los cargos y de la distribución de ítems es uno de ellos. No hay duda que Santa Cruz ha sido el departamento más afectado en los dos casos, lo que se refleja también en la inversión pública en infraestructura hospitalaria e incluso en la distribución de becas de especialización para los profesionales de salud. A abril de 2017, Santa Cruz contaba solo con 486 establecimientos de salud, por debajo de La Paz (670) e incluso de Potosí (516). Una relación que se repitió en los establecimientos de Seguridad Social: 30 contra 35 y 43, respectivamente. Si eso se traduce en número de ítems y de camas, es fácil deducir que a Santa Cruz le falta todo y eso se refleja en lo que vemos hoy en los hospitales públicos. Una carencia que no se resuelve con la dotación de unas 300 camas más y unos cuantos ítems. Solo en camas, el déficit es de más del 100%: hay alrededor de 2.800, incluyendo las de los centros privados, y la demanda real es de al menos 6.000 para todo el departamento, según datos de profesionales médicos.

Esto, solo para comenzar a hablar en serio de los problemas que hay en salud en la región que más crece en el país y la que más aporta al TGN. Ojalá que la recurrente epidemia de dengue nos permita abordarlos en serio, ponerlos en las agendas pública y electoral, para arrancar de los responsables las soluciones de fondo que urgen ser tomadas.

//*MAGGY TALAVERA es periodista y directora de Periodismo sin Photoshop//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN// 

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