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Jueves, 18 de Abril de 2024

LAS AGOBIANTES HORAS DE UN INOCENTE QUE FUE INCULPADO DE UNA VIOLACIÓN

SEGURIDAD | 23 Jul 2018

MONITOREO / RIMAY PAMPA.- Los policías que fueron a buscarlo la noche del lunes 9 de julio no sabían ni a quién detenían. Lo llamaron Álvaro y su nombre es Alfredo Pinedo. Ningún fiscal investigó a fondo ni llamó testigos, ni precisó detalles antes de detenerlo. Respaldados en unas imágenes borrosas de una cámara casera, solicitaron a una jueza encarcelarlo en San Roque. Ésta cumplió el pedido sin cuestionar la falta de pruebas.

Alfredo estuvo en prisión 14 días, inculpado de haber violado a una niña de 9 años con síndrome de Down, en el barrio San Luis de Sucre, Bajo Tucsupaya, ubicado a medio camino hacia el Aeropuerto Juan Azurduy de Padilla.

Hasta la fecha “ninguna persona se ha disculpado, ni el Ministerio Público, ni la parte demandante” por la injusticia, declaró hoy Alfredo al programa “Periodismo que Cuenta”.

El día que sucedió el crimen, Alfredo llegó temprano a su tienda de ropa usada, ubicada en el barrio Obrero, zona El Reloj de la Capital de la República. Todo el día no salió de su trabajo, sus caseras lo vieron, incluso una amiga fue a visitarlo.

Ya por la noche volvió a casa, que está en el mismo barrio donde sucedió la violación. Cuando llegó a su hogar a eso de las 21:30, vio que había policías esperándolo.

No sabía qué pasaba. La única mala noticia que había recibido aquel día fue una llamada de su madre que le dijo que dos personas habían ido a buscarle para cobrarle una deuda. Alfredo respondió que no debía un solo peso a nadie.

Cuando lo detuvieron, ningún policía le explicó la causa. Sólo le informaron que había una denuncia en su contra. Como el que nada hace, nada teme, los acompañó confiado en su inocencia y la profesionalidad de la Fiscalía.

Se le vino el mundo abajo a Alfredo, cuando los fiscales comenzaron a culparlo, en la delegación policial, de un crimen que nunca cometió.

Se enteró del hecho, en el momento que le lanzaron unas preguntas: ¿qué hiciste ese día? ¿Dónde estabas? ¿Con qué ropa estuviste? Él respondió, pero los fiscales no se preocuparon de verificar su versión.

TEMÍA SER VIOLADO EN PRISIÓN

La tarde que entró a prisión el susto trepó su cuerpo de pies a cabeza. Apenas cruzó el umbral, recordó una frase escalofriante: los presos hacen contra un violador lo que éste hizo a su víctima. Lloró de impotencia. Lloró por su madre. Lloró por su honor. Lloró de impotencia porque ni los fiscales ni la jueza procedieron con justicia.

El miedo crecía en Alfredo cada vez que intuía que los internos querían tomar venganza. Temblaba como una hoja cuando escuchaba cuchicheos y los reos lo señalaban como el violador de una niña.

Pero como en todo lado hay gente buena, también en la cárcel, no pasó nada gracias a algunos reos que creyeron en su versión, en su inocencia.

En las horas muertas de la cárcel repasó su vida, recordó que nunca había conocido a su padre y volvió a llorar por su “mamá soltera”.

Ninguna noche durmió bien por miedo a lo que le podía pasar. Contó que se acurrucaba y se arrebujaba con unas frazadas en un colchón tirado sobre el frio piso de un rincón de la cárcel, de donde no se movía ni para ir al baño.

Los días que se difundían noticias respecto al horrendo crimen, los ánimos de los presos “se caldeaban más” y Alfredo sentía más miedo. “Me quedaba en un rincón, sólo iba a recibir mi comida”, rememoró.

Volvió su ajayu (ánimo) cuando la televisión informó que el verdadero violador se entregó a la Policía y confesó su crimen. En ese instante, saltó de alegría y algunos de los internos se le acercaron para abrazarlo y aconsejarle a tomar acciones contra las personas que lo encarcelaron.

Por su honor dañado y por las dos semanas sin libertad, Alfredo responsabilizó a la persona denunciante y a los fiscales que en varias audiencias le acusaron con “gruesas palabras” que lo mataban en vida.

“Voy a procesar a la fiscalía por esos falsos testimonios, esas palabras duelen”, sostuvo en referencia a un posible juicio por daños y perjuicios contra su honor.
“Mi hija se llamará inocencia”

Pasado el calvario, Alfredo habló de su futuro y dijo que quiere tener una familia con cuatro hijos: dos hombres y dos mujeres. A una de ellas desea llamarla Inocencia y a la otra, Libertad.

Expresó su deseo de estudiar derecho y especializarse en materia penal para evitar injusticias como él sufrió en carne propia.

Alfredo volvió a su cotidianidad, esta mañana ya estaba en su tienda de ropa usada, pero de hecho no olvidará nunca haber sido encerrado en una cárcel, donde durante su estadía compartió cada gajo de una mandarina con la gente detenida.

En su inocencia, este joven de 21 años aún espera que los autores de la injusticia que sufrió se disculpen, también espera un resarcimiento de los fiscales que, a su juicio, se portaron muy cabrones con él.

Según el periódico El Deber, la jueza se disculpó y admitió la equivocación el día que dictó la libertad irrestricta de Alfredo Pinedo.

//FUENTE: RIMAY PAMPA/ PERIODISMO QUE CUENTA//  

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