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Martes, 26 de Octubre de 2021

Escribe Luis Antezana

Pequeña producción agraria consolida el atraso del país

OPINIÓN | 15 Sep 2021

No ha dejado de ser preocupante la noticia de fuente oficial de que el 30 por ciento de las necesidades de la canasta familiares es llenado con alimentos del contrabando y solo el cinco por ciento tiene origen en la agricultura mediana y grande.

La noticia también indica que, según el censo del año 2013, en el país existen 300.071 minifundios o pequeñas unidades productivas que son las que abastecen los mercados de consumo con el 94 por ciento de la producción. Esos datos fueron proporcionados por una dependencia CIPCA del Ministerio de Tierras y destacadas por Patricia Cartagena, directora de esa dependencia.

Otros datos revelan que el 6 por ciento de la demanda de la canasta familiar es llenado por la agricultura mayor con el 4 por ciento, mientras el contrabando lo abaste con el 25 por ciento, datos que, en general, revelan el alto grado de atraso de la agricultura nacional.

Empero, la referencia más alarmante es que la población del país es abastecida por la pequeña producción agropecuaria y no existe gran producción que pueda abastecer con seguridad y calidad a la ciudadanía y mucho menos pueda servir para la industrialización que anuncian los medios oficiales para superar la carencia de productos alimenticios.

Al respecto, se puede señalar que más de un millón de unidades productivas o minifundios ocupan hasta tres o cuatro millones de hectáreas y su producción abastece precariamente a los centros urbanos y se autoabastece. Mientras las grandes unidades, con alrededor de cien mil hectáreas, tienen producción para fines industriales, abastecimiento urbano y aun exportación.

Pero el problema no se limita a datos estadísticos, sino a otros aspectos de fondo, pues, por ejemplo, se remarca que la pequeña producción es más cara que la grande, su calidad es inferior, llega con dificultad a las ciudades, está contaminada, se vende al raleo en calles y plazas públicas, etc. Por otro lado, los indígenas que la producen no tienen ganancias importantes, los precios de venta son altos, su producción es difícil, no llegan con facilidad a los mercados y allá se encuentran con la competencia que no les permite renta o bien nada venden y retornan a sus predios con sus productos en mal estado.

Por otro lado, los agricultores pequeños se encuentran localizados en terrenos pobres, no utilizan tecnología moderna, sufren por las sequías, lluvias, heladas, inundaciones, etc. y tienen que esperar un año para poder hacer sus cosechas que apenas abastecen para sus necesidades familiares, lo cual les obliga a migrar a las ciudades, donde encuentran mejor nivel de vida y, finalmente, no quieren retornar a sus faenas en la tierra avara del altiplano y valles.

A esos factores contra la pequeña producción se suman el contrabando, las importaciones oficiales y privadas y la preferencia de los consumidores a favor de productos importados. En cambio, los productores grandes tienen ventas, sus productos tienen precios más bajos, mejor calidad, son vendidos en supermercados, tienen la preferencia de los compradores e inclusive son comercializados con facilidades y hasta se los industrializa.

A esos agravantes se suman disposiciones legales, como la Ley INRA o la carta constitucional, que agravan la economía de pequeña producción con instrucciones como no poder obtener créditos bancarios, ni alquilar ni vender y hasta ni trabajar la tierra, por lo que abandonan la agricultura y hasta dejan de producir para sus necesidades personales, trasladándose a los centros urbanos con la esperanza de sobrevivir, aunque fuese pidiendo limosna, que les resulta más productivo que cultivar el suelo. Viven en peor miseria que antes de la Reforma agraria.

Un agravante mayor se agrega a esa situación. El Ministerio de Tierras y el INRA no tienen políticas agrarias y agropecuarias, en especial para las grandes zonas tradicionales del altiplano y valles, y solo han depositado su colaboración a la región oriental. Pero, en todo caso, la política agraria oficial está dirigida a mantener, consolidar y fomentar la pequeña producción, el minifundio, la miseria rural, etc., en detrimento de la población urbana y prolongar la causa de las crisis políticas que se originan en esa cuestión de la tierra.

//*LUIS ANTEZANA ES ESCRITOR E HISTORIADOR/ TOMADO DE EL DIARIO//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN// 

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