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Martes, 26 de Octubre de 2021

Escribe Hugo Balderrama

En defensa de la Policía y las FF. AA.

OPINIÓN | 10 Sep 2021

01 de enero de 1959, Fidel Castro, Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos y otros barbudos arriban triunfantes a La Habana...

Y aunque la izquierda considera ese momento como un éxito del método guerrillero, la historia nos muestra que, en realidad, los grupos de combatientes recibieron apoyo extranjero, Argentina, Costa Rica y Estados Unidos especialmente, y que las Fuerzas Armadas cubanas -en ese momento amotinadas contra el dictador Fulgencio Batista– no pusieron resistencia, incluso hicieron lo contrario. Como el caso de Bonifacio Haza, comandante de la Policía de Santiago de Cuba, que ofreció sus hombres al servicio de los rebeldes. Por ende, la idea de que un grupo de 300 hombres, escasamente entrenado e inferior en armamento, puede vencer a un ejército profesional de 40 000 soldados no es más que un mito.

Indudablemente, fue Ernesto Guevara el promotor más influyente de esta ficción a través de sus notas. Verbigracia, en su conocido cuadernillo Guerra de guerrillas, Guevara afirmaba lo siguiente: «Primero, las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército. Segundo, no siempre debemos esperar a que se den las condiciones para una revolución». Las afirmaciones del Che no dejan de ser un tremendo disparate. Sin embargo, durante los años 60 y 70 inspiraron a miles de jóvenes latinoamericanos a tomar las armas contra los ejércitos de sus países, aventuras que les costó la vida a la mayoría de ellos.

Pero Fidel Castro tampoco se quedaba atrás en su exaltación de la guerrilla -hasta construyó un centro de entramiento llamado Punto 0 de Guanabo-. En su famoso discurso con ocasión de la Segunda Declaración de La Habana manifestó: «El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo». Era 1962, y el mundo efectivamente parecía marchar en esa dirección.

Pero la captura y posterior fusilamiento del Che Guevara -además de las derrotas de otros grupos guerrilleros en Argentina y Uruguay- fueron golpes durísimos para ese determinismo histórico.

Puesto que la izquierda había perdido parte de su discurso apologético. Entonces, había que retroceder, bajar la guardia, y analizar las causas de esa derrota ¿Quiénes fueron los enemigos y qué armas usaron para frenar la revolución? Identificaron tres: la Iglesia Católica, la familia conservadora y las Fuerzas Armadas.

Por esa razón -y de manera casi inmediata a las derrotas de los subversivos- la izquierda empezó una campaña de desprestigio a los hombres de armas. Nombres como Augusto Pinochet, Hugo Banzer o Rafael Videla son asociados con fascismo y violaciones a los derechos humanos. Y hasta lograron que mucha gente deteste a los militares por el sólo hecho de usar uniforme.

Adicionalmente, la izquierda no estaba dispuesta a ser derrotada nuevamente por los militares. Por lo que, Néstor Ceresole, uno de los ideólogos del Socialismo del siglo XXI, recomendó al fallecido Hugo Chávez someter a las Fuerzas Armadas ya no al imperio de las leyes y la constitución, sino a la figura del caudillo.

De la misma manera, Evo Morales ha desarrollado un sistemático desmantelamiento de la institucionalidad de las Fuerzas Armadas de Bolivia. El respeto por la antigüedad, la jerarquía y el mérito en el ascenso de jefes militares y policiales es cosa del pasado. Ahora, los comandantes están forzados a hacer política y someterse a la línea ideológica del gobierno. Por ejemplo, el General Antonio Cueto, en un acto militar el año 2010, se declaró «socialista» y «antiimperialista». Así, Morales ha humillado a las Fuerzas Armadas y las ha puesto -o por lo menos lo ha intentado- al servicio del Socialismo del siglo XXI.

Similar situación sucede con la Policía de Bolivia, institución que, incluso antes de la caída de Morales el 2019, sufre todo tipo de atropellos.

En marzo de este año, un funcionario policial -que prefirió mantener en reserva su identidad- relató al medio de prensa digital www.urgente.bo la razón por la que la Policía decidió amotinarse:

"Nosotros nunca hemos peleado porque alguien salga del Gobierno, nosotros hemos pedido que respete la institución, esa es la lectura que yo puedo dar de lo ocurrido el 2019, y se ha conseguido que el general Yuri Calderón salga (o ya no esté al mando de la Policía) y yo creo que ese hombre debe ser responsable de los hechos por haber manejado a la institución apegada al gobierno que en ese entonces estaba. Nuestra dignidad como institución estaba por el suelo".

Guadalupe Cárdenas, representante de las esposas de los policías, en redes sociales expresó lo siguiente: «la institución tiene una Dirección Departamental de Investigación Interna (Didipi) que se encarga de juzgar a quienes incumplieron la norma. Pero actualmente la justicia aprehende al policía, y lo somete a justicia ordinaria». Ahí, otro ejemplo del sometimiento del sistema judicial al poder político.

No obstante, el penoso proceso de desinstitucionalización de las fuerzas de seguridad no empezó con Evo Morales, sino con Carlos Mesa. Quien -luego de traicionar a Gonzalo Sánchez de Lozada– firmó una amnistía para los violentos y subversivos que causaron terror durante la mal llamada Guerra del gas. Para luego comprometerse a enjuiciar a todos los colaboradores del gobierno anterior -del que él mismo era parte-.

Penosamente, a todo lo anterior debemos sumarle otro peligro: las milicias armadas. Veamos.

El 03 de mayo del presente año, en un contacto al periódico El Diario, Jorge Santistevan, coronel en servicio pasivo del Ejército y abogado constitucionalista, expresó lo siguiente:

"Los grupos irregulares que conforman milicias armadas están presuntamente concentrados en el área rural como el Chapare y algunas provincias de los departamentos de La Paz y Santa Cruz; mientras que, en el área urbana, hay visos de células tácticas. La metodología de lucha, al no contar con aviación, lanza cohetes de mediano o largo alcance, armamento pesado ni explosivos de alta capacidad, aplicarían la estrategia de la pulga o con otra denominación, pero las tácticas serían las mismas. Los objetivos estratégicos de estas milicias estarían orientadas a proporcionar apoyo al Movimiento al Socialismo (MAS) e influenciar en la toma de decisiones políticas, y apoyar el monopolio del narcotráfico y otras drogas ilegales en el país. Si estas milicias se salieran del control de esa clase política que los fomenta, podrían proyectar su influencia hacia un mayor control político, por encima de los órganos del Estado, así como sucedió en Colombia, en el Perú y Paraguay, mientras que en Cuba, Nicaragua y Venezuela son la fuerza que sostiene la vigencia de las dictaduras".

Es evidente que el MAS va a intentar acabar cualquier vestigio de institucionalidad de la Policía y las FF. AA. Por eso, es urgente -y ante la amenaza de las milicias que menciona el coronel Jorge Santistevan– que todos los que deseamos vivir en libertad y en democracia apoyemos a los muchos militares y policías que aman su uniforme. Porque acá, en Bolivia, ¡Nadie se cansa!, ¡Nadie se rinde!

//*HUGO BALDERRAMA FERRUFINO ES ECONOMISTA, MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN//

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