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Sábado, 23 de Octubre de 2021

Escribe Erick Fajardo Pozo

Afganistán, una contienda que EEUU no desató ni liquidará

OPINIÓN | 9 Sep 2021

“Anoche en Kabul, EEUU terminó la guerra en Afganistán”, sentenciaba una semana atrás el presidente Joe Biden en un mensaje tan ambicioso como contradictorio en el que, pese a arrancar asegurando a sus constituyentes “haber dado fin a la guerra más larga de la historia americana”, cerraría su discurso advirtiendo al Talibán que EEUU estaba “lejos de haber terminado”.

Biden no es el único sumido en contradicciones.

Este “final de la guerra” retóricamente producido dejó sabor a sentimientos encontrados en los estadounidenses que, de acuerdo con la nueva encuesta del Washington Post y ABC News, apoyaban, en un 78%, la idea de salir de Afganistán. Lo curioso es que el 52% de quienes respaldaron la decisión desaprueban la manera en que Biden manejó la situación y miran con escepticismo la posibilidad de que EEUU realmente haya liquidado el pleito.

De hecho, la “Guerra contra el Terror” no empezó con la ocupación de Afganistán ni terminará con la retirada estadounidense de Kabul. La contienda que llevó a la campaña de Afganistán no la desató EEUU y ciertamente no será EEUU quien determine ni la manera ni el momento en que todo termine.

La decisión de marchar sobre Afganistán la asumió la Casa Blanca al calor del mortífero ataque suicida contra Nueva York y Washington DC en septiembre 11 de 2001. De igual modo, la decisión de precipitar su retirada —cuando ya habían anunciado que la evacuación podía extenderse hasta después del 31 de agosto—– se asumió bajo la presión del ataque suicida del 26 de agosto, perpetrado en alrededores del aeropuerto de Kabul.

Y aunque el ataque se atribuyó a una casi inédita vertiente del integrista Estado islámico, fue el vocero del Talibán, Suhail Shahin, quien advirtió a EEUU, horas previas al ataque, que no debían quedarse ni un minuto después del 31 de agosto, o “habría consecuencias”.

En síntesis: la iniciativa y el control de los tiempos políticos en este conflicto, la tiene el extremismo islámico desde hace dos décadas. El terrorismo fundamentalista desató la ocupación multinacional de Afganistán en 2001, lo mismo que impone hoy la accidentada retirada de las tropas estadounidenses. Que fue Biden quien asumió esa decisión —como desesperada e insistentemente reclamó en su discurso— o que se van porque “los objetivos de la misión se alcanzaron una década atrás” es retórica de su comunicación de gobierno.

En los hechos, EEUU deja Afganistán asediado por la misma amenaza que se suponía su presencia debió conjurar. La administración Biden insiste machaconamente en que “extirpó” a Al Qaeda hace una década, pero deja en su lugar una amenaza aun peor: Isis-K, que propinó una dentellada con una profunda marca de 13 cruces a la retirada estadounidense, como para que no olviden que dejan Afganistán en garras del mismo terror que 20 años atrás llegaron a extirpar.

Si la presencia militar en Afganistán respondía al intento de desalojar al extremismo islámico, entonces denominado Al Qaeda, de un territorio estratégico desde donde podía expandir la epidemia de inseguridad, entonces la evacuación estadounidense carece de sentido. Ayer Al Qaeda, hoy Isis-K, el terror volvió a Afganistán y la retirada de EEUU le devuelve un país que aprendía a vivir en democracia al mismo casero que albergó a Osama Bin Laden.

Hubo una sola aseveración precisa en el discurso de Biden: EEUU está lejos de haber terminado con el Talibán, o al menos lejos de haber visto lo último del fundamentalismo islamista. Después de someter a las minorías y a la resistencia muyahidín, el Talibán y ese cóctel de nombres cambiantes detrás de los que se camufla el terror, le recordará a EEUU que la guerra comenzó en su territorio, no en el Asia, y que su salida de Afganistán difícilmente terminó con la Yihad o “guerra santa” contra los infieles.

Me asalta el temor de que el efecto de sopor de la retórica histriónica de Joe Biden durará lo que le tome, a ese extremismo de mil caras y nombres que retomó Afganistán, perpetrar el primer atentado de su nueva era en suelo estadounidense.

/*ERICK FAJARDO POZO ES MASTER EN COMUNICACIÓN POLÍTICA Y GOBERNANZA POR LA GWU-EEUU/

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN//

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